Muchas veces, cuando escuchamos un predicador hablar de las Sagradas Escrituras, catalogamos su mensaje como bueno o malo dependiendo de como nos caiga dicho mensaje. Cuenta una historia muy jocosa que un predicador decía:
-Los idólatras no entran al reino de Dios!.
A lo que respondía una ancianita:
-Amén.
-Los fornicarios no entran al reino de los cielos!.
-Amén. Eso es de Dios, siga dándole duro a esa gente.
El predicador, impulsado por el Espíritu dijo:
-Y los que fuman tabaco, tampoco verán el reino de Dios.
Aquí la ancianita exclamó:
-Ya se dañó el mensaje!.
No debemos escuchar sólo las partes que nos convengan de las prédicas. Tenemos que escucharlas y entenderlas por completo y estar conscientes de las cosas que debemos cambiar.