No es el caso de algunos, pero sí es el de muchos. A menudo vemos gente que cuando están en necesidad, se acercan a Él de una manera ferviente. Hacen todo lo que está al alcance para pedirle ayuda a Dios: oraciones, ayunos, silicios, asistencia cien por ciento a la iglesia, etc. Pero cuando Dios resuelve el problema, se acabaron las oraciones, los ayunos y todo lo demás.

El caso más típico es el de el hermano que no tiene trabajo. A ese lo vemos a diario temprano en el templo pidiéndole a Dios. Está presente en todas las actividades y en casi todo el trabajo de la obra de Dios. Es el que isnpira a otros a que busquen de Él. Pero sucede que Dios lo bendice con en empleo. Entonces ya no puede ir a los silicios porque tiene que levantarse temprano, mucho menos puede ir a los matutinos, y hasta se le hace pesado ir a los cultos por el cansancio del trabajo del día.

Hermanos míos, nunca nos olvidemos de buscar de Él cuando nos bendiga. No sólo en las malas, también en las buenas tenemos que brindarle de nuestro tiempo. Es verdad que el hermano que no trabaja tiene más tiempo disponible que el que trabaja, pero el que trabaja debe hacer un pequeño esfuerzo.